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Una Alhambra de Oro en Cines del Sur
La diversidad es buena. Este axioma de la democracia contemporánea no se extiende con la amplitud que se pregona. Hay diversidades no deseables, por mortíferas o simplemente políticamente incorrectas. Otras resultan difíciles, por la presión de ciertas inercias culturales o la intromisión de intereses más o menos legítimos pero indudablemente peligrosos.
En el caso del cine, dado su carácter industrial y las limitaciones estructurales para su exhibición, la diversidad no se produce generalmente por el triunfo del cine norteamericano, tanto por su potencia comercial como por sus habilidades culturales. Mientras que otras cinematografías apuestan por el particularismo y el proteccionismo en una estrategia defensiva, el cine norteamericano ha puesto desde sus orígenes el acento en la unidad psíquica de la especie humana, y ha considerado, en consecuencia, la humanidad entera como su mercado natural.
Del triunfo de una u otra alternativa dan cuenta las dificultades de las películas procedentes de otras latitudes diferentes a las anglosajonas para hacerse un hueco en el mercado de las salas o en los videoclubes. Frente al victimismo propio de los adictos al placer de verse como perdedores, ha sido frecuentemente la falta de imaginación y/o el desprecio por el público lo que ha llevado a dichas cinematografías, por ejemplo la española, a la miseria artística y al rechazo generalizado.
En otras ocasiones, sin embargo, es cierto que no han tenido apenas una oportunidad de hacerse con un hueco debido a prácticas monopolísticas de los triunfadores momentáneos (en una sociedad abierta de mercado no hay vencedores para siempre) o a la falta de asunción del riesgo artístico por parte de un público ya adocenado en ciertas prácticas culturales.
Para solventar en parte esas carencias cinematográficas se está celebrando en Granada el Iº Festival de Cines del Sur. Que más bien debería llamarse ¿Cine Occidental? No, gracias. Porque sólo con mucha alegría semántica se puede considerar sureño el cine de Taiwan o China. En cualquier caso, una buena oportunidad para transitar por películas africanas, hispanoamericanas y asiáticas. En especial, la retrospectiva dedicada al egipcio, árabe y católico Youssef Chahine, primer ganador de la Alhambra de Oro.

[…] Saddam”, la película franco-iraquí que ha ganado la Alhambra de Oro (¡y la de bronce!) en el I Festival Cines del Sur, celebrado en […]
[…] Más humildemente propongo una alianza entre civilizados, entre personas de carne y hueso que más allá de sus particularidades culturales, religiosas o étnicas, coincidan en un marco humano común, basado en la racionalidad universal y en la unidad de la psique humana. Y candidatos por la parte árabo-musulmana no faltan, aunque evidentemente no es Erdogan uno de ellos. Sí lo son el egipcio Youssef Chahine y el tunecino Nouri Bouzid, que presentaron algunas de sus películas en el I Festival de Cines del Sur. […]