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Inteligencia
Oí a Savater citar a Frankfurt: la Charlatanería era peor para la Verdad que la Mentira misma. Al fin y al cabo, el mentiroso valora la Verdad - la oculta, la cambia, la disfraza precisamente porque, de forma mestiza, la ama. El charlatán en cambio no sabe nada de Verdad - domina la sinceridad, el arte de decir lo que siente, aunque a nada sirva de fundamento.
No sé. Es evidente que somos seres finitos e imperfectos con finitos e imperfectos instrumentos para conocer el mundo; que se extiende pues un abismo ontológico entre lo que es y lo que percibimos. ¿No existe Verdad alguna? ¿Todo es fruto de nuestra mente azarosa? “Hasta que no vea un escéptico sentarse en la vía del tren convencido de que el TALGO no es más que un producto mental; creeré en que existe Verdad”, nos apunta Savater sonriendo.
Me da miedo.
No Savater, entiéndame bien. Me dan miedo los teóricos que piden una política fundada en la Razón (como medio supongo para llegar a la Verdad). No sé. Siempre he creido que una persona no puede ser racional, no como entendemos intuitivamente la Razón, no como la capacidad de discurrir el mundo correctamente.
Más bien he pensado que el hombre es inteligente, del latín “leer entre líneas”: es capaz de entender el mundo, pero el mundo humano, el mundo que emerge de la experiencia (indicativa y subjuntiva) del hombre.
Cuando escucho Razón me hecho la mano a la cartuchera. Por eso de pedir, pido una política con menos luces y con más linternas. Una política real, objetiva pero, sobretodo, inteligente.
…inteligente.
