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La biblioteca total

En la vida semi-nomádica que llevo, sólo hay una cosa (he dicho cosa, no personas) que echo de menos: la biblioteca. Crecí en una casa con una biblioteca bastante grande y siempre he sido amante de los libros, o mejor, del conocimiento. Estudié en EEUU, así que sé muy bien lo que son sus bibliotecas universitarias, probablemente las mejores del mundo. Cuando llegué a España, a principios de los 90, me di cuenta muy pronto que las bibliotecas públicas no me servían mucho; tendrán los clásicos y alguna cosilla interesante para leer en la cama, pero en cuanto a los textos del siglo XX que sirvieron para preparar el cambio de paradigma (excelentes reflexiones sobre este cambio, aquí) en el que estamos immersos, y los que ya entran en el nuevo, nada. Más o menos tuve que armarme una biblioteca con los materiales que necesitaba. Ahora, en Buenos Aires, me encuentro con lo mismo. Las bibliotecas que tengo a mano, me sirven poco para investigar lo que me interesa.

En otras palabras, soy el ejemplo perfecto de por qué un proyecto como Google Books debería poder acceder a todos los textos sin bloqueo alguno por razón de copyright. Dicho bloqueo, a lo que nos condena es a tener que vivir en la Universidad-Monasterio. O por lo menos, a ser ricos, para poder comprar todo lo necesario para pensar lo nuevo. Como no sólo la información, sino el conocimiento, es lo que importa, este bloqueo resulta violento porque no permite que se tenga acceso a lo que uno necesita para pensar desde cualquier parte del mundo. Esto lo digo yo, que pertenezco a la clase media, pero ¿qué pasa con toda la gente, en países pobres y en los ricos, que no tiene recursos para conseguir los miles de libros y otros materiales que conforman una biblioteca?

Internet, claro, es el vehículo perfecto. Lo ideal sería que, con mi pequeño portátil, o desde cualquier locutorio, pudiera conectarme a la red y descargar la información y las ideas que me hagan falta. Podemos hacerlo con muchísima información; ahora el salto hay que darlo al conocimiento.

Hay varias formas de hacerlo, todas claramente posibles tecnológicamente. La mejor sería la biblioteca mundial, lo que Google y otras organizaciones y empresas están intentado, enfrentándose siempre a los poderes que defienden el conocimiento cerrado. Otra sería que Amazon, o cualquier similar, tuvieran todos sus libros en versión electrónica y permitieran una descarga a precios mínimos. El precio, eliminados los gastos de papel, imprenta, almacenamiento y distribución debería ser bajísimo. Pongamos, por ejemplo, un libro de 20 euros. Se podría vender por 5, con el nuevo sistema. Normalmente, distribución y librería se llevan la mitad, pero ese gasto quedaría eliminado. De los 10 euros restantes, ¿cuánto se dedica a los gastos de producción física del libro? Si al autor le tocan 2 euros (el acostumbrado 10%), ¿no se podría el editor quedar con 3? Eso es más o menos lo que le toca en el sistema ya obsoleto. El libro se podría vender directamente desde la web de la editorial, evitando así cualquier intermediación. O mejor, el libro se podría vender o regalar directamente desde la web del autor, o de grupos de autores, o de personas dedicadas al conocimiento, sea éste el que sea.

Claro, siempre están los que se quejan de que no pueden comprar un libro sin hojearlo antes. Eso ya se puede hacer electrónicamente. Luego están los que hablan de oler el libro, tocarlo, etc. Pero eso ya es fetichismo. También hay gente que va a las librerías a ver qué hay de interesante, a hacer turismo. Me parece muy bien, pero ¿por qué tengo que pagar yo sus vacaciones mentales?

Si en el nuevo mundo que estamos creando es posible tanta movilidad, ¿por qué no vamos a acelerar también el acceso al conocimiento? ¿Por qué no hacerlo absolutamente portátil, y baratísimo? No sé cuantos libros caben en mi disco duro; lo que sí sé es que de desarrollar social y económicamente lo que ya existe tecnológicamente, podría llevarme la biblioteca a cualquier parte del mundo. Podría vivir, pensar y escribir desde cualquier rincón del planeta; y con una conexión a internet, podría transmitir el conocimiento que produzco (de producirlo, claro) y aportar eso a la red que se interese por él.
Hablo por mí. Pero estoy seguro de que hay millones de personas más necesitadas que yo de este tipo de biblioteca, la biblioteca total. Eso sin contar las que pueden, o podrían, generar tipos de conocimiento más útiles, más potentes que cualquier cosa que yo pueda llegar a producir.

(Sobre este tema hay un artículo bastante completo que apareció en el New York Times hace poco más de un año. Lo he colgado íntegra e ilegalmente en mi blog… hasta que me obliguen a quitarlo. Por desgracia, no me llega el tiempo para traducirlo, así que está en inglés; pero si alguno de ustedes se aviene a la tarea, estoy seguro de que le encontraremos un buen sitio para colgarlo y que esté al alcance de todas las personas que lo quieran leer en español.)

2 Comentarios a “La biblioteca total”

  1. Mariano |

    Querido cronista,
    Son interesantes tus reflexiones, pero no logran esconder cierto extremismo preocupante. Sería, sin duda, un gran paso el poder adquirir todos los libros a buen precio por internet. Pero, como dices, hay demasiadas personas pobres en el mundo. Un libro sale 20 euros, un ordenador 800.
    Los libros impresos jamás desaparecerán, por dicha o desgracia. El hombre es fetichista por naturaleza y se relaciona más intensamente con el sentido del tacto que con el de la vista.
    Salud.

  2. Sobrevivir a los tiempos « Generación Red |

    […] ya publiqué aquí un artículo sobre la biblioteca total. En él decía que me encantaría poder encontrar todos los libros en mi ordenador, conectado a la […]

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