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Agroalimentaria nuclear
El descubrimiento de la radiactividad ha sido uno de los principales logros de la humanidad. Sus aplicaciones abarcan campos muy dispares y han supuesto una mejora notable de las condiciones de vida. A día de hoy, el sector primario de numerosos países poco desarrollados saca partido de esta tecnología que aporta cuantiosos beneficios a bajo precio. Además, constituye una alternativa de máximo interés para la preservación del medio ambiente, como bien se ha señalado desde la FAO.
El empleo correcto de la radiación lleva décadas generando avances que facilitan la vida de las personas en algunos de los lugares más depauperados del planeta. Entre estos avances cabe destacar:
- Un aumento de la seguridad alimentaria, al eliminar agentes patógenos, como determinados hongos, parásitos y bacterias. A diferencia de los tratamientos térmicos convencionales (esterilización, pasteurización y termización), los de irradiación suponen un considerable ahorro energético. Así, aunque no ganan en eficacia sí que lo hacen en eficiencia.
- Facilidades para la conservación de los alimentos, ya que al reducir la carga microbiana alterante se puede prolongar su vida útil. A ello se une que, en algunos productos irradiados, sería factible aplicar unas condiciones de almacenamiento y transporte más flexibles. De este modo, no haría falta descender tanto su temperatura de conservación ni someterlos a una cadena del frío demasiado severa. Téngase presente que la tecnología de producción de frío (congelación y refrigeración) es cara y hasta inaccesible para muchas poblaciones.
- Control de las plagas causantes de hambrunas y de los vectores que ocasionan epidemias, mediante la esterilización de parte de los insectos responsables.
- Detección de pesticidas, residuos medicamentosos y sustancias prohibidas que suponen un riesgo sanitario a elevadas concentraciones.
- Aplicación de tratamientos post-cosecha baratos y de escaso riesgo para evitar la floración, germinación, etc., de los vegetales a comercializar.
- Creación de nuevas plantas, mutadas por irradiación, con el fin de dotarlas de una resistencia superior a las plagas y/o a las condiciones edáficas
A las aplicaciones mencionadas habría que añadir otras que, poco a poco, se están haciendo realidad y tienen viso de resultar muy útiles. Sin ir más lejos:
- Controles más precisos del efecto de la erosión del suelo sobre los vegetales.
- Análisis innovadores de los alimentos.
- Estimaciones precisas de los recursos hídricos, y localización de agua y de recursos minerales en el subsuelo, ambos importantes para la producción animal y vegetal. Sobre todo en terrenos con especiales dificultades agropecuarias.
Al contrario de lo que ocurre en la mayoría de los países desarrollados -donde predomina una actitud timorata hacia la irradiación alimentaria- unas cuantas naciones pobres están agarrando el toro por los cuernos, situándose a la vanguardia de una buena parte de las investigaciones en materia.
Las recomendaciones restrictivas que la FAO dio al respecto se están flexibilizando progresivamente ante los crecientes avances científicos. Se está permitiendo una dosificación radiactiva superior para materias primas y productos lo que, en contra de determinadas creencias populares, mejora su salubridad. En el futuro, pienso que se diluirán las dosis máximas permitidas y que el único criterio considerado será el respeto por la salud del consumidor. Es cuestión de tiempo. Lamentablemente, se trata de un tiempo ganado por unos y desperdiciado por otros.
La irradiación de los alimentos y otros usos aledaños no es ya una cuestión política (ecologistas vs. capitalistas, políticos vs. empresarios, etc.) o de seguridad. Es una cuestión de supervivencia para los habitantes del Tercer Mundo y la posibilidad de ofrecer servicios de calidad más baratos para los del Primero. Tanto para unos como para otros es una oportunidad de gestionar los recursos naturales con mayor eficiencia.
Si aún le parecen escasos los beneficios que nos aporta la radiactividad, aquí (capítulos 6 y 7) obtendrá más información y motivos para reflexionar sobre una tecnología cargada de posibilidades que no debería despreciarse a la ligera.
Interrogante post-mortem 1: si la evidencia científica establece la inocuidad de la irradiación de alimentos y ésta es corroborada por las principales organizaciones mundiales en materia de salud pública, ¿por qué muchos países siguen rechazando numerosas aplicaciones mientras que otros las aprovechan de manera cotidiana?
Interrogante post-mortem 2: hace tiempo se vetaba la irradiación de alimentos porque era peligrosa, más tarde porque inducía a descuidar prácticas higiénicas complementarias. ¿Llegará el día en que alguien reconozca que prohíbe utilizar esta tecnología por el mero hecho de que no le gusta, porque es incapaz de entender las investigaciones que avalan su inocuidad, por proteccionismo comercial, por supersticiones o porque la apoyan grupos de ideología opuesta?
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Antes de terminar, aprovecho para felicitar a los creadores por esta iniciativa y a David agradecerle que me invitara a participar en ella. Igualmente doy mi enhorabuena a sus colaboradores, muchos de los cuales denotan una elegancia en la escritura y una destreza al exponer sus ideas que ya quisiera para mí. Pero sobre todo te lo agradezco a ti, sufrido lector. Por tener la paciencia y osadía de llegar al final de este artículo cuando podías estar dedicándote a actividades infinitamente más divertidas.
