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¿Estamos vigilados o estamos vigilando?
Existe un debate emergente en Internet sobre el poder de “los grandes”, sean estos empresas, gobiernos o grupos de presión, sobre los ciudadanos. Diferentes desarrollos tecnológicos les podrían permitir en un futuro, y de hecho empiezan ya a hacerlo, un control casi absoluto sobre la vida cotidiana de la gente. El lanzamiento del servicio Street View dentro de Google Maps, que proporciona fotografías de gran resolución actualizadas periódicamente resolución tomadas en las calles de muchas ciudades, ha renovado el debate. Una tecnología que proporciona una enorme capacidad de acceso a la información a una persona puede, al tiempo, convertirse en su peor pesadilla si alguien la utiliza con fines de espionaje.
Este control absoluto, “de arriba abajo”, o “surveillance”, sería la realización de la distopía del panopticon. Pero no nos engañemos, está aún está lejos de ser una realidad, al menos generalizada. No parece que por ahora los gobiernos tengan capacidad para desarrollar estos métodos, aunque si muy posiblemente un gran interés en ello. Una buena prueba de ello son los fallos graves en cuestiones de seguridad que salen periódicamente a la luz pública y la poca eficacia con la que se lucha contra la amenaza del terrorismo global en el ámbito de la información. John Robb, en su libro Brave New War y en su blog Global Guerrillas, muestra como las instituciones políticas y militares herederas de las guerras mundiales y la Guerra Fría no han logrado adaptarse a la nueva realidad de organizaciones terroristas y criminales organizadas en red. El mundo del espionaje está pasando de viajar a remotos lugares a explotar sistemáticamente fuentes públicas de información en Internet, pero esta transición está aún comenzando en Estados Unidos y muy lejos de iniciarse en España.
Por otra parte, hasta el momento las grandes empresas están muy ocupadas en el desarrollo de las herramientas y en crear planes de negocio que rentabilicen estas plataformas. Además de obvias razones legales, no parece que a día de hoy existan aún modelos de negocio que atraigan el desarrollo de sistemas de “espionaje total” por parte de las empresas.
Pero frente al potencial peligro de la “surveillance”, empieza a emerger una nueva tendencia, “de abajo a arriba” o “sousveillance” participativa, que ya anunciaba Jamais Cascio en 2004. Por una parte, la inmensa mayoría de la información relevante se está haciendo pública, bien por que sus “poseedores” la liberan (aunque sea a regañadientes en el caso de los gobiernos), bien por que ha sido creada desde la irrupción de la web 2.0 por los propios usuarios. Por otra, la web 2.0 y el software libre ponen a disposición de usuarios herramientas (y plataformas para desarrollarlas) que les empoderan para manejar y explotar enormes volúmenes de información pública. Por último, la creación colaborativa de contenidos demuestra que redes de usuarios organizadas en Internet, sin necesidad de ningún paraguas gubernamental o empresarial, son capaces de acometer objetivos antes sólo reservados a grandes organizaciones formales y jerárquicas. La unión de estas tres tendencias le proporciona a los ciudadanos una capacidad potencial para el control de las instituciones.
Estas posibilidades suscitan un intenso debate público teñido casi siempre de un tono catastrofista que lo sesga claramente hacia los peligros del control de arriba abajo, que una mayoría identifican como la única opción posible. Muchos asumen que el futuro es cuestión a decidir por los propios responsables de esa potencial surveillance y que poco margen le resta a los ciudadanos salvo reclamar a los poderes establecidos una determinada postura. Por el contrario, la actitud de los individuos y sus organizaciones formales e informales podrían ser determinantes. La información es pública y la tecnología es accesible; ciudadanos tecnológicamente cultos y deseos de ejercer su libertad pueden tener una enorme capacidad para reconvertir el panopticon y colocar en su interior a “los grandes”, haciendo así operativo uno de los principios democráticos más básicos, el control ciudadano del poder. Por contra, ciudadanos apáticos, dependientes de los poderes públicos y privados y temerosos de una tecnología que desconocen sólo podrán reclamar a “la zorra que cuide de sus gallinas”, un cambio de actitud bastante improbable.

Yo pondría el acento en el tono catastrofista del debate, que no es nada nuevo bajo el sol y que como tantos apocalipsis quedará enterrado por el normal acontecer del tiempo. Pero donde yo veo el ‘problema’ o peligro -quizá temporal- es en que esos ‘grandes’ controlan y fomentan ese debate catastrofista -y eso es algo que saben hacer muy bien a la vista de sus resultados- lo que les permite, a fin de cuentas, controlar esa información ‘por nuestro bien’ como casi todo.
Y por mucho que nos empeñemos el mundo, por ahora, sigue siendo fundamentalmente analógico en su acceso a la información y en los agentes informadores.
Interesante corto encontrado en YouTube sobre privacidad; “Remove”:
http://es.youtube.com/watch?v=GOfRpnzzmVc&eurl=http%3A%2F%2Fwww%2Etresuvesdobles%2Eorg%2F
[…] ¿Estamos vigilados o estamos vigilando?www.generacionred.net/2007/06/26/%c2%bfestamos-vigilados-o-e… por orfeo17 hace pocos segundos […]
[…] de curiosos. En un mundo donde tanto los poderes establecidos como los individuos tienen cada vez mayor capacidad para vigilar la vida de otros, puede resultar difícilmente comprensible que algunos se empeñen en sobre-exponerse, con sus […]