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El sexo está en el cerebro
Uno de los temas que Valérie Tasso se cuestiona en su libro “El otro lado del sexo” es el porqué de que el sadomasoquismo y otras prácticas (como el voyeurismo o el exhibicionismo) estén consideradas parafilias. Ella no está de acuerdo con el modo en que la medicina simplifica el asunto considerando que una persona que no pueda alcanzar orgasmos de forma natural (es decir, en el coito) está enfermo. Y añado yo, ¿si pueden alcanzar orgasmos de modo convencional y además con otras prácticas, ya no están enfermos?
- Ah no, entonces sólo son unos pervertidos.
- Ya, claro…
No podemos negarle la razón en algo y es que, nuestra sociedad es absolutamente “coitocéntrica” Se rechazan y marginan por sistema otros tipos de sexualidad. Quienes encuentran placer de modo diferente son considerados enfermos o desviados. ¿Por qué no asumir que son minorías sexuales?
Hay personas que disfrutan así, que son adictas a las endorfinas que el organismo segrega de forma natural para contrarrestar el dolor. Pero la mayoría de nosotros no entendemos que alguien pueda encontrar placer en él. Y como no loe entendemos, lo atacamos. Siempre que sea entre adultos y con consentimiento mutuo, ¿quiénes nos creemos para entrar en la intimidad de los demás? ¿Para dictarles cómo, cuando y por dónde sus cuerpos deben sentir placer?
Socialmente está bien visto sufrir por la familia, por el trabajo, incluso por la religión. Es admirable (?!) que alguien se fustigue delante de la imagen de un cristo crucificado pero es una aberración que alguien goce o alcance un orgasmo recibiendo latigazos. (…) Algo no me cuadra.
El sexo está en el cerebro y se alimenta de imaginación.
