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Redes y redes y redes

Esta semana, el New York Times publicó un artículo (que no puedo enlazar porque no se publica en abierto) acerca de un nuevo estudio que dice que los genes actúan en red. En otras palabras, la idea de que cada gen tiene una función y que cambiando ese gen se puede cambiar la función y por tanto cambiar el organismo de una manera definida y discreta, ya no vale. Si los genes son parte de una red y cambiamos uno de ellos, cambiamos toda la red y los resultados pueden ser impredecibles. Esto se sabía, pero ahora parece que está probado.

Según el artículo, las empresas de biotecnología hacen muchísimos estudios sobre los efectos de sus productos; sin embargo, no hay ley que les pida que los muestren, así que toda esa información se queda archivada. ¡Y eso es increíble! Estamos hablando de muchísima información que podría tener un valor incalculable si se pusiera en red y otros científicos y empresas pudieran acceder a ella. Se dice que si no hubiera patentes no se investigaría; pero en este caso está claro que el hecho de no abrir el acceso a esta información no sólo ralentizando la producción de conocimiento en el campo de la genética, sino que está poniendo en peligro el medio ambiente y no se sabe cuántas vidas.

Las consecuencias de este estudio, ya que la red científica y la red económica están ligadas, también pueden ser impredecibles. Por ejmplo, podría estallar la burbuja biotecnológica; o las organizaciones ecologistas podrían encontrar un nuevo campo de baltalla para combatir a empresas como Monsanto, la que impone y vende su maíz transgénico allá donde la dejan; o las patentes de genes individuales podrían quedar invalidadas, abriendo el camino a una socialización global del conocimiento genético; o las comunidades indígenas cuyos genes han sido patentados por empresas del primer mundo podrían reclamar dichas patentes alegando que no se puede privatizar una parte de su red de vida.

Vamos a ver si me aclaro. Un ser humano es una red de redes (su ADN funciona en red, ya lo dice el estudio mencionado arriba; su sistema sanguíneo es una red, etc.) que funciona en una red social que forma parte de otras redes sociales que son económicas, intelectuales, sexuales, de comunicaciones, de transportes y demás; y esas redes forman parte de otras redes, de otros sistemas, financieros o ecológicos, por ejemplo. Y si es así, ¿cómo puede alguien apropiarse de un elemento en una red cuando esa apropiación puede cambiar el funcionamiento de la red y por tanto las vidas de los demás sin su permiso?

Sigamos viendo si me aclaro. Si lo miramos en la otra dirección, tengo entendido que un nodo en una red es una red en sí mismo, sólo que no lo podemos ver porque no lo estamos viendo a la escala correcta. Entonces un nodo es una red llena de nodos que son redes llenas de nodos que son redes, y así hasta que nos cansemos. La ciencia reduccionista, con sus patentes, lo que busca es hacerse con un nodo y comercializarlo. Pero ese nodo ya es un red, ¿se puede alguien apropiar de una red? ¿Qué pasa si tú enlazas ese nodo a tu red por medio de un nodo en el nodo, y yo lo enlazo por medio de otro nodo en el nodo? ¿Me puedes acusar de pirateo?

¿Y cuando un nodo afecta a una red y esa red es un nodo en otra red y ésta se ve afectada por el cambio, no tenemos derecho a resistir? ¿A negarle el derecho a un agente a cambiar elementos de una red que cambian cómo funciona esa red y por tanto las redes de las que forma parte?

¿Cómo definimos lo común? Si empezamos a pensar en términos de redes, vamos a tener que volver a definir lo que es de todos, eso cambiará la red sociedal, y cambiará la manera en que funcionan y entendemos las redes dentro de esa red y las redes a la que esa red pertenece. Yo me arriesgaría a pensar que el mundo, en efecto, se puede cambiar. Y si empezamos a pensar de manera compleja, en términos de redes, ese, ¡ese! puede ser el primer paso.

Uno ha comentado a “Redes y redes y redes”

  1. El Códice de Serafini « Generación Red |

    […] En otro post hablé de que un nodo en una red es, a su vez, una red vista desde lejos, pero que si lo vemos desde la distancia adecuada, descubriremos que no es más que otra red con sus nodos. Hace tiempo, se me ocurrió hipertextualizar un poema, marcándolo todo con enlaces a otros textos, imágenes, vídeo, audio. Lo que descubrí fue la inutilidad de esa empresa: el poema ya es hipertextual, ya es un nodo en sí mismo; lo que pasa es que no vemos la red que en realidad es porque lo estamos haciendo a una escala equivocada. El poema alude a un montón de cosas que ya están en la mente del lector, o que se crean en esa mente en el momento de leer. También puede haber enlaces muertos: la incomprensibilidad de un verso, de un tropo, pero eso depende más bien del lector y su red mental. También descubrí que si yo ponía los enlaces estaba limitando la expansión de la red mental propuesta por el poema y que, si es un poema de verdad, la red que propone debe ser expansiva: eso sólo puede ocurrir en la mente del lector. Básicamente lo que descubrí (sí, soy lento) es que para que una obra sea realmente artística, debe crear redes nuevas, por momentáneas que sean, en la mente del lector. Lo que está claro es que una red mental, por más efímera que sea, es tan real como cualquier otra. […]

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