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De prohibiciones y de hacer el gilipollas

Fahrenheit 451He leído mal una noticia y pensaba que había sucedido. Que la policía se paraba en los cruces de las calles y además de hacerte la prueba de alcoholemia te inspeccionaba los cedés y hasta el ipod y comprobaba si eran como el oro puro: adquiridos con una legitimidad intachable de acuerdo con el código de comercio. Los policías ya dedican un buen montón de tiempo al top manta y a buscar rolex falsos: no era imposible.

Un escenario que ninguna novela de ciencia ficción ha iniciado - que yo sepa - es el de un mundo donde el gobierno y sus polizontes se dedican a buscar los relojes, joyas, canciones, pañuelos de hermés, cosas de cartier o perfumes famosísimos más falsos que un dólar de madera en los hogares de sus habitantes. Y, para hacer el escenario mucho más terrible, son los vecinos los que te han visto con un Armani sospechoso los que te denuncian porque tu nivel de vida no da para tanto dispendio. Una camioneta de la SGAE con sirenas aparece en tu casa, te llevan y no se vuelve a saber de ti.

Descorchando una botella, mi muy estimado progenitor y sin embargo amigo, comentaba el reciente cambio de gobierno espantado ante la perspectiva de que la ministra Salgado hubiera sacado su ley del vino con una amenaza europeísima y es que, según mi padre, la señora recordaba que era una reglamentación europea la que prohibía taxativamente decir en público que la ingesta moderada de alcohol - vino - puede tener efectos beneficiosos para la salud. Si non é vero es una buena historia para nuestro país de ciencia ficción en el que, como de costumbre, la imaginación nunca superará la realidad más perniciosa y repelentemente retorcida.

Parece posible un mundo con una soberbia combinación de prohibiciones absurdas y gilipollismo organizado. Hay quien me dirá que está muy feo copiar un modelo carísimo de Louise Vuitton y venderlo mucho, mucho más barato. Yo no digo que no, porque esto es literatura y no un ensayo jurídico o mercantil, pero el lado estúpido de mi mente me lleva al asombro. Al asombro de que se puedan dar duros a pesetas si no es únicamente porque la gente quiere que la otra gente piense que llevas un Louise Vuitton y no tiene o no le da para hacerlo con las condiciones de calidad material que conlleva el ir por el mundo con el lujo lujísimo en el brazo. Cosas como que el cuero sea estupendo y si se rompe una costura que te hagan un primor por nada de nada más una reverencia. Porque ellos venden seriedad y eso que llaman calidad.

También me asombra que las empresas copiadas digan que les hace perder dinero algo que, en realidad, compra gente que nunca se gastará dinero en la verdad, sino en la ilusión de la verdad: en este mundo cruel con excedente de fabricación por doquier ya no se sabe lo que es verdad y mentira, ¿no dicen que el Banco de España ha vendido sus reservas de oro porque no le sirven para nada (o sea, no les sirve de refugio de valor)? Ni el oro resulta verdaderamente oro, vean. Me asombra el que los fabricantes de estos lujos no deseen encarnizadamente que sus marcas se paseen falsas por todas partes para crear el anhelo de los auténticos, que sólo serían llevados en secreto por los pocos que de verdad pueden pagarlo y se dan el lujo de no ostentarlo: teoría de la marca a la inversa. Ya lo tienen: la salvación contra la copia es disfrutar del placer de lo clandestino.

Clandestinidad y gilipollez podrían a ser polos paralelos de un mismo universo. Consumo clandestino de música con supuestos derechos en bares donde, clandestinamente, los menores de exactamente dieciocho años sin cumplir beben vino y se intoxican como hice yo cuando sólo estaba prohibido únicamente por mi madre y mi abuela, sabias ellas. Hemos crecido generaciones aprendiendo a beber y a drogarnos por nuestra cuenta sin que el mundo se haya ido al carajo. Oh, sí, muchas vidas se han ido a perder, pero básicamente las de los consumidores de drogas prohibidas por los gobiernos que quieren protegernos y cuidarnos porque esperan que nosotros no sepamos hacerlo y seamos timados o envenenados por cualquiera. La gilipollez es un estado ambiental: los telediarios se dedican a hablar de lo que hay que hacer en una ola de calor como si requiriera un doctorado de la Ivy League: beba mucha agua, no se ponga al sol, use ropa ligera… y después te dirán que es su responsabilidad en defensa de los consumidores. Póngase el cinturón de seguridad, que su vida no es suya y usted verá, porque pienso multarle.

Gallardón me prohibe comprar cerveza después de las diez de la noche para protegerme del ruido y la suciedad de jóvenes sin cuartos que se intoxican en la calle en combinaciones de dudoso gusto organoléptico. Eso vendría a demostrar su incompetencia en el gobierno del orden público. Ahora quiere que unos golfísimos empresarios no vendan condones y cochinadas de plástico en los alrededores de la Gran Vía para ir echando chusma de la calle. Ya saben, putas y travestis. En otra noticia por ahí (no me pidan que enlace, que Freire me perdone, porque ya no sé donde lo vi) aseguraban que iban a poner cámaras para vigilar y protegernos de esos malditos pecadores y otros canallas de mala vida. Bah, las putas se echarán dos calles más atrás y seguirán viniendo los getas y los sinvergüenzas.

Te prohíben en nombre de la moral, las buenas costumbres, tu salud, tu rectitud y para prevenirte de tu propia gilipollez: llevar un Gucci falso para aparentar es una gilipollez y seguramente una falta de buen gusto, pero hay que ver lo felices que podemos ser haciendo el gilipollas. Persiguen a los fabricantes de la gilipollez y, si se trata de servidores conectados a la red, te persiguen a ti para que no hagas lo que ellos seguramente harían. En definitiva, se trata de condenar porque no te pueden controlar. En suma, excusas para pagar con mi dinero un montón de carísimas campañas de publicidad para concienciarnos de no beber, no fumar, no correr y no copiar canciones. Cuando dicen que te tienes que concienciar es porque no tienen argumentos para convencerte. Y como no te convenceremos te prohibiremos.

Voy a pedir a los capitostes de Generación Red que escriban a Luis Fernández para que no dude en volver a hacer eso de tengo una pregunta para usted y esta vez no se dejen en el tintero las cosas que verdaderamente tenemos que saber y no la parida del café: ¿tiene su hija un ipod? ¿y le pone controles para saber de dónde saca las canciones? ¿grabó usted cassetes de Quilapayún en sus años de estudiante a partir de un disco de un amigo? ¿lo ha buscado ahora por la mula? ¿Va su coche oficial a más de cincuenta por hora en ciudad? ¿Le quita puntos al carné de su chófer? ¿Y a los de su escolta? Dígame otra cosa, José Luis: si no vamos nadie a 50 en ciudad, ¿está la ley mal o somos delincuentes? Otra más, ¿ha visto que algún coche oficial lo cumpla? ¿Por qué yo? ¿No era la ley para todos?

Les deseo salud, pero descuiden que no les obligaré a estar sanos.

12 Comentarios a “De prohibiciones y de hacer el gilipollas”

  1. De prohibiciones y de hacer el gilipollas // menéame |

    […] De prohibiciones y de hacer el gilipollaswww.generacionred.net/2007/07/07/de-prohibiciones-y-de-hacer… por berlinsmith hace pocos segundos […]

  2. vigor y personalidad |

    maravilloso artículo

  3. Berlin Smith |

    Vuélva y tómese un cafelito, que pago yo!

  4. zalakain |

    Yo creo que don Vigor no vuelve, así que, si no le importa, me lo tomo yo :)

  5. Berlin Smith |

    Está en su casa!

  6. Hairanakh |

    Hombre, don Berlin. Que nos pasamos (o nos pasan) tres pueblos con lo de las prohibiciones, ya sabe usted que es verdad. Pero a ver si con la alegría de que le vigilamos poco me va usted a meter en el mismo saco los artículos copiados de Gucci y los controles de alcoholemia.

    No quiero que me protejan de mi propia gilipollez, pero no me parece del todo mal que lo hagan con la gilipollez del otro. Si el tío que me adelanta por la carretera no lleva puesto el cinturón, pues él verá. Pero si me pasa a 180 y ciego de cubatazos…

  7. Sartine |

    Quilapayún ! madere de Dios, los había borrado de la mente, que mayor soy… ;-)

  8. Berlin Smith |

    Hairanakh, si es usted muy sensato. Lo que pasa es que empiezas buscando borrachos y sueles terminar cazando desviados.

  9. zalakain |

    Estaba en otro/a lugar/onda (*) y recordé que tal vez debiera volver, ni que sea a pedir disculpas a don Vigor por mi estúpida osadía malgustada y …. ah, sí, que … no sé … hay algo como de navajero en su desdén, usted me perdone por la percepción, tal vez sólo sea inadvertida proyección.

    Llevado por un tono comprimido que evoca Your Song, de Elton John; saludos, linda tarde.

  10. Berlin Smith |

    ¿El desdén de Don Vigor?

    Bueno, yo les pago las olivas a ambos si es menester.

    Saludos.

    (yo he sido siempre más de Rocket Man. Y de Bowie)

  11. Berengario |

    Mi estimado Berlin Smith, olvda que en la civilización posmoderna la ilusión es más importante que la verdad. Algo que hasta ahora solo descubrían los adictos a la información comparativa (deporte, corazón). Cuando la verdad está impecablemente disponible en youtube, los medios masivos tienen que virar su proa. ¿Qué es un disco original, el triunfo, la superación de los complejos o la desmembración de España al lado del placer de vociferarlos? Por eso se quejan.

  12. Berlin Smith |

    “la ilusión es más importante que la verdad”

    ¿Ha sido la verdad realmente importante alguna vez? Cuando se sabe la verdad, terminan matando a alguien

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