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La fotografía digital nos conduce irremediablemente a la posmodernidad
Los que pudimos disfrutar, o sufrir según nuestras habilidades, la fotografía analógica, recordaremos, aunque sólo sea como un vago recuerdo, la sensación de seguridad que proporcionaba el tomar una imagen. La cámara era una caja negra, en sentido literal y figurado, en el que poco controlábamos. Una tecnología que podíamos entender pero no manipular permitía que captásemos una realidad exterior que aparecía en papel tras un proceso de revelado del que no nos ocupábamos. El mecanismo era sencillo y, aparentemente, objetivo. Nadie dudaba que lo que finalmente aparecía en papel era la “realidad” presente delante de nuestro objetivo en el momento en que tomamos la fotografía.
Es cierto que ciertas élites, una suerte de geeks analógicos, manejaban de primera mano el proceso de revelado y eran conscientes de que la realidad postivada era, en cierta medida, dependiente de la técnica que aplicaban. Pero, en todo caso, eran cambios menores que no transgredían lo que podíamos considerar una visión más o menos literal del mundo exterior. Después llegaron los artistas que alteraban las fotografías tanto en su revelado como mezclándolas con la pintura. Su mensaje era claro: ¿qué es real?, pero casi nadie supo leerlo. Eran obras de arte y como tales les estaba permitido realizar reinterpretaciones de la realidad sin tener que atenerse a ciertos límites. Posiblemente, ese fue un gran error; como siempre el arte actuaba de agente de prospectiva de un futuro próximo pero casi nadie sabía leerlo en esta clave.
Vivíamos en ese mundo de escasas incertidumbres, donde suponíamos que fotografía y realidad presentaban una correspondencia casi perfecta y que ambas eran tangibles … reales. Pero, de modo inesperado, llegó la tecnología digital. Poco a poco fueron desapareciendo las cámaras tradicionales, los servicios de revelado y toda una cultura asociada a la fotografía en papel. Nos acostumbramos a disparar cientos de fotos cuando antes nos limitábamos a unas pocas; a almacenar en discos duros lo que antes se alojaba en albumes de papel; y, sobre todo, descubrimos que la realidad no era tan simple. Empezamos corrigiendo unos ojos rojos, mejorando el contraste o el brillo y acabamos filtrando, distorsionando y mezclando diferentes imágenes para construir nuevas “realidades”. Y entonces, empezamos a reconsiderar nuestra concepción de la realidad. Descubrimos que la supuesta certeza del papel no era más que una de las innumerables posibilidades dependientes de la percepción de la luz, del encuadre, del enfoque, … finalmente de la narrativa que incorporamos a nuestras imágenes. De este modo, de un modo imperceptible y casi universal, estamos modificando nuestra percepción del mundo. Se acabaron las certezas absolutas, los grandes relatos irremediablemente simplistas. ¿Existe una realidad?, ¿existen múltiples, casi innumerables, realidades?, o ¿la realidad no es más que una construcción de nuestra mente con la inestimable ayuda de la tecnología?. Cuando modificamos el contraste o el brillo desde un programa muchas de esas “realidades” aparecen ante nuestros ojos, todas ellas están allí contenidas en la información de un archivo digital, una largísima serie de 1s y 0s a la que se reduce nuestra supuesta realidad.
La tecnología digital nos acerca a un mundo mucho más complejo, más ambiguo, más incierto, pero también más “real” …o menos. En todo caso, esta evolución si nos aporta una certeza que desbanca un mito largamente aceptado. La tecnología ha dejado de ser una simple herramienta supeditada al bien superior de la construcción del conocimiento científico; la tecnología construye nuestra realidad y, de este modo, nos hace humanos. ¿Serán los científicos unos simples autómatas que ejecutan los programas diseñados por los tecnólogos?.

Muy bune reflexión. La verdad es que la fotogrfía digital ha sido una revolución. Y las nuevas generaciones, los nativos digitales, incluso de bebés ya miran detrás de la cámara cunado les haces un foto, para verla en el display. Y sobre la realidad… siempre queda la pregunta ¿qué es la realidad?. La que vemos, la que captamos, la que transformamos?….
La realidad se puede conocer, entender, interpretar… pero lo que vemos, oímos, olemos, tocamos o degustamos no es la realidad; es sólo una imagen de ella.
Esto me recuerda al anuncio de ese coche en el que un fulano ve los colores al revés. Al final dice: “mi coche es rojo”. Pues no, su coche no es rojo, es verde porque refleja luz verde quiera o no, pero su imagen de la luz verde es para nosotros la de la luz roja.
Hombre, yo creo que esto mismo es aplicable a todo lo digital y lo relacionado con internet. Música, fotografía, video, blogs …
Yo tengo un amigo que coge loops musicales de otras canciones y los remixea (vamos, como mucha gente). Lo hace de manera totalmente amateur y los resultados son de una calidad sorprendente. Reutilización, origen amateur, etc… postmodernidad pura si.
¡buen artículo!
Luis, totalmente de acuerdo. Utilicé la fotografía digital como una excusa, quizás por que es en ese medio donde el cambio está pasando más desapercibido por que parece obvio
[…] en Generación Red “La fotografía digital nos conduce irremediablemente a la posmodernidad”… No Comments, Comment or […]
Lo interesante de todo esto es la masificación de la creatividad. Sea porque antiguamente (hasta el mundo de bits) los artesanos dominaban unas habilidades que se transmitían casi de modo secreto y limitadamente para evitar competencia, sea porque el mundo digital hace todos los contenidos accesibles y manipulables por cualquiera, crear contenidos y culminar “obras” ya no es una actividad “de lujo”, compleja y limitada. El ejemplo de la fotografía analógica es magnífico: era costoso y misterioso dominar la química, es abierto barato y sencillo dominar los bits. Por tanto la abundancia de creación con una factura sorprendete para cualquier otra época de la historia conduce a la triviliaciazión de la creación. Ya no se sabe dónde está el grano y donde la paja. Quizá muchos granos y muchas pajas. Puede que porque es posible que haya muchas realidades simultáneas dependiendo del color del cristal con que el que se miran. Por primera vez, es posible verlas todas a la vez y al alcance de cualquiera.
Se ha dicho: “La tecnología ha dejado de ser una simple herramienta supeditada al bien superior de la construcción del conocimiento científico”.
En realidad, la tecnología ha solido ser el resultado del conocimiento científico, es decir, al revés.