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La película del año: Woody Allen, Robert Rodríguez y los políticos españoles
Lo siento, me sobran las últimas 100 ó 200 películas de Woody Allen. Hubo un tiempo en que me interesaban, cuando mis amigos cinéfilos (sic) estaban fascinados por las películas de serie B, pero hace mucho que sus argumentos me resultan totalmente irrelevantes y predecibles … casi tanto como el próximo papel de Hugh Grant.
Se que soy un europeo raro, poco digno de pertencer a un continente de tan elevado nivel intelectual. De hecho, el propio Allen lo sabe. No, no conoce mis reparos, pero si la debilidad europea por su cine y, sobre todo, por su imagen de estadounidense autocrítico y orgulloso de despreciar a un país, el suyo, tan inculto. No se si por sentirse querido ha decidido trasladar a Europa parte de su producción cinematográfica o la ha trasladado para “sentirse querido”. Esta duda me asalta desde que he conocido la repercusión popular y, especialmente, política del rodaje de su última película en España. En Barcelona las malas lenguas cifran en varios millones de euros las ayudas de todo tipo y condición que la película ha recibido de distintas administraciones. De hecho, parece que la familia Allen cuenta con una estructura empresarial especialmente diseñada para este fin. Resulta sorprendente lo rápido que unos americanos son capaces de entender nuestra complicada arquitectura institucional y territorial para explotarla en su propio beneficio, y las muchas décadas (siglos?) que, en cambio, llevamos los nativos peleándonos por el mismo tema con tan escaso rendimiento (salvo un creciente hartazgo y mal humor). Ahora, Woody Allen, su extensa familia y su equipo se encuentran en Oviedo para completar su periplo ibérico. Desconozco, por el momento, el resultado financiero de la operación, pero lo visto en televisión sobre el grado de identificación del director neoyorquino con Asturias es para echarse a temblar.
Pero no era mi intención analizar aquí el cine de Woody Allen (para eso dispone GR de grandes expertos en cine), ni tan siquiera criticar la oportunidad o papanatismo de subvencionarlo (a él y a otros muchos directores extranjeros) para que filme aquí. Mi intención es contar otra historia.
Llegado a este punto debo aclarar que, paradojas de la vida, ahora que me rodeo de amigos encandilados por Woody Allen (¿dónde estarán aquellos viejos colegas capaces de engullir tres o cuatro películas de terror en una tarde?), es el cine de Quentin Tarantino o de Robert Rodríguez el que me resulta más sugerente estética, visual e intelectualmente. Que le vamos a hacer, siempre existe gente empeñada en ir contracorriente. Pensaba yo en como discutir con ciertas garantías de éxito con mis amigos “allenianos” estos temas, sabiendo el rechazo que suscitaría la simple insinuación crítica sobre las subvenciones, cuando vi, de nuevo en televisión (agosto permite deleitarse en estos vicios raros y ocultos) la presentación que hacía Robert Rodríguez del estreno de su nueva película, Planet Terror, que es en realidad parte de una doble película conjunta, Grindhouse, con Quentin Tarantino. Mis dos faros cinematográficos juntos y revueltos en un complicado experimento narrativo y comercial (con un fracaso total en EEUU) que hace un homenaje al cine de serie B y, especialmente, a las películas de zombies.
Mientras veía a Robert Rodríguez hacer las declaraciones genéricas propias de cualquier estreno en que a nadie interesa ni la película ni el cine, sólo el personaje y su glamour, pensaba para mi que, como argumento ante mis amigos “allenianos” podría sugerirles que Planet Terror no sería de su agrado (lo reconozco, puede que ni siquiera del mío), pero al menos estaba seguro que no le iba a suponer ningún gasto a los contribuyentes españoles. Esa sería una ventaja indiscutible en un potencial debate Allen vs. Rodríguez. Pero, en ese momento le hacían al director tejano-mexicano la típica pregunta sobre que le parecía Madrid. Y al oír la respuesta me di cuenta de mi error. Para explicar su simpatía por la capital española, Rodríguez explicaba una esclarecedora anécdota. La noche anterior se había encontrado, parece que casualmente, con el alcalde de Madrid en un restaurante y éste los invitó (a él y a su novia, tal como atestigua la prensa … vasca; puede que este detalle identitario no lo sepa rentabilizar ni la propia Allen Inc). En fin, mi gozo (y mis argumntos) en un profundo pozo. ¿Cómo pude ser tan estúpido? ¿Cómo iba Alberto Ruiz Gallardón la oportunidad de hacerse notar ante una estrella cinematográfica (aunque sea con películas de zombies)? No, no voy a preguntar si lo pagó de su bolsillo o de los presupuestos municipales. Realmente, ¿alguien piensa que esa distinción figura en las mentes y conductas de nuestros políticos?.
Tenemos una “clase” política sencillamente espectacular, capaz de aprovechar la más mínima oportunidad de notoriedad y la más nimia excusa para gastar una parte, por mínima que sea, de “su” presupuesto. Surgirán los defensores de la cultura como interés general; aquellos que expliquen su retorno económico para una ciudad o el país. Todos ellos tendrán excelentes argumentos para apoyar tanto lo hecho en Barcelona como el detalle de Gallardón. Hay quién verá sesgos ideológicos: el “antiamericano” Allen apoyado por una alineación de instituciones gobernadas por la izquierda; el “salvaje” (y por tanto digno representante de lo americano) Rodríguez invitado por la derecha. Poco importa, lo importante es que ya estamos en el circuito de la cultura global, al fin somos cool gracias a los americanos (y aunque sea en su contra).
En fin, tendré que centrar el debate Allen vs. Rodríguez únicamente en criterios estrictamente culturales, y ahí, si me lo permiten, a mi los zombies de Rodríguez (y mucho más los de Tarantino) me resultan mucho más seductores y estimulantes intelectualmente que los falsos personajes de Allen empeñados a comportarse como europeos ociosos y aburridos en Nueva York (¿existen personajes así, salvo, posiblemente los que se puedan encontrar en la “vecina” Washington DC trabajando en el Fondo Monetario Internacional)… o, lo que será aún peor, como “europeos” (esa especie inexistente que se empeña en crear Allen) en Barcelona y Oviedo.

Me he divertido mucho. Un abrazo.

Por cierto, te adjunto una cosa sobre abrazos… y política.
http://www.slideshare.net/Antoni/los-abrazos-de-sarkozy/
Espero que te haga sonreír…
Hasta pronto. Ya te contaré el encuentro con Fernando.
No conozco el entramado empresarial de Allen pero las subvenciones del ayuntamiento de Barcelona, TV3, etc. creo que se deben más al amiguismo del mandamás de Mediapro con ciertos políticos que a la habilidad de Allen.
Hola Juan,
comentando tus dos lineas argumentales:
políticos y medios: está claro que la política, sobre todo la española, tiende cada vez más a sobrevivir SOLO a base de copar lo máximo posible los medios de comunicación. Si identifican un item mediático Woody_Allen, enseguida se lanzan en plancha a apropiarse de él. Cada país tiene los políticos que se merece. :-/
Allen versus Tarantino: estás comparando a artistas en diferentes épocas vitales. Allen era provocador e irreverente en su primera etapa. A sus setenta y tantos añazos seguramente le apetezcan otras cosas. Veremos cómo evoluciona Tarantino. A mí me gusta todo lo que ha hecho. Pero pasan los años y no evoluciona. Sólo sigue alimentándose de las mismas fuentes: cine clásico mezclado con cine marignal de los sesenta y setenta …
A un postmoderno como tú le tiene que tirar más Tarantino dado que toda su obra es remezcla, reutilización,etc..
Un saludo!
¿Que Allen es antiamericano? ¿Por?
Es cierto que sus últimas películas (¿Desde que se separó de Mia Farrow, tal vez?) son un tanto decepcionantes, incluyendo “Match Point” pero basta un breve vistazo a su filmografía para darse cuenta de que nunca ha realizado obras pretenciosas ni “intelectuales” como tu dejas caer. Otra cosa es que siempre ha sido del agrado de la crítica europea (también Tarantino con su “Pulp Fiction”)
Hola Juan, personalmente no nos conocemos pero ya llegará y será un placer. Mientras, te leo.
Tarantino, Rodríguez, Allen…
¡Qué nivel! Para debates nacionales lo querría yo. Muy buenos cineastas los tres, (para mí, claro está…). Son cines compatibles y apetecen.
Unos aún aportando e innovando. Pero también el decano neoyorkino de vez en cuando sorprende con frescura. Sin City me enamoró y tengo ganas de ver lo nuevo de esos dos co-legas de lo violento.
Respecto al Star System que tanto seduce a los políticos, especialmente los locales, creo que Gallardón invitaría encantado al viejo Woody y Barcelona abriria sus puertas a Robert o Quentin. Insisto, es sólo Star System y ganas de foto.
Muchas gracias por este debate tan abierto y que no se me habría ocurrido plantear.
Un saludo.
Luis Yrache
A mi me encanta Woody Allen, despues de ver un par de sus peliculas algunos ya quedamos encantados. He visto sobre todo las primeras que son mas bermangnianas. Las ultimas que ha hecho, si tienen mucho de ese sabor istrionico y neurotico, pero para mi preferirè el Allen de Nueva York. Muchos saludos desde Panamá.