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Facebook, ¡qué miedo!
Ahora ya no vas a poder disfrutar de tus amigos si no te integras en la nueva plataforma, la última, la definitiva, la más de lo más: Facebook ya ha llegado. Y como otras tantas promesas, Facebook ha llegado para quedarse. Y un jamón.
Facebook da soporte a tu red personal. Facebook da soporte a las redes personales: la tuya, la de tus amigos, la de los amigos de tus amigas. Dará soporte al planeta tierra en breve, según parecen haber planeado las mentes pensantes de la América del Norte. El sistema es sencillo: tú no haces nada. Te vas de vacaciones y no das palo al agua. Eso sí, la red de redes del momento, el feisbuc éste de marras, te bombardea de correos electrónicos. Que no quieres caldo, toma taza y media. Y venga correos, que ni el spam más eficiente, oye. Y tengo invitaciones de toda forma y color para suculentas probaturas.
Porque ahora si no feisbuqueas no eres nadie. Ni tuiter ni chanflainas en vinagre. Feisbuc es lo que necesitas, amiga. Por la mañana te tomas un par de píldoras con el desayuno, con la comida ya a discreción y luego, si quieres, te agarras un melocotón de escándalo a base de lingotazos de feisbuc directos en vena.
El caso es que si usas esta herramienta tienes que demostrárselo a las amistades. Y para ello no hay como compartir todo lo compartible, marca de calzoncillos incluida si sirve para la dinamización del espacio social. En mi caso son ya 80 correos a lo largo de este mes. Y ahora tengo un montón de amigos y amigas, a quienes agradezco sinceramente su preocupación por tenerme en su lista. Gracias, cariños, yo también os quiero, me feisbuqueéis o no. Y os agradezco que me hayáis presentado a vuestra nueva conquista. Disculpad que os haya mostrado mi postura pasiva. No os preocupéis, que tampoco he protestado.
A mí estas herramientas para hacer realidad digital las redes sociales me parecen muy bien. Pero, joder, ¡qué pereza!, ¡qué miedo! Porque no penséis que todo es fácil y transparente. No, no hay preguntas ni invitaciones. Hay recuests e inviteisions. Pero eso no es lo peor. Mi sitio feisbuc me dice que tengo pendientes plazes, no sé qué de youtube, unas cuantas causas por defender, superpokes! y más y más y más. Y mucho más.
Claro, los americanos, grandes defensores de la pureza del inglés como idioma del planeta, no se molestan en que estas cosas las leamos en los idiomas de provincias. Hasta ahí podíamos llegar. Y así vuelvo de las vacaciones, agobiado con el feisbuc, que estaba dormido allá por julio. ¡Qué tiempos aquellos!
En el fondo es evidente que me genera ansiedad. Otro pifostio más, otra superherramienta para ser mejor, más alto y más guapo, para ligar más y para leer mejor lo que me interesa, de forma compartida con mis amigos, para ver los videos juntos, en la más pura intimidad. Estoy viejo y chocheo. Ya no me veo con la frescura de los limones del Caribe para dejar la puerta abierta a estas nuevas herramientas. Y sé que al final, si las amistades tiran, con ellas iré. ¿Dónde va mi amigo Vicente? Pues donde va la gente. Y fenómeno de moda o no, ya me veo en una pesadilla, desvelado por la noche, sin poder cerrar los ojos contando ovejas, es decir, amigos en Facebook. Y allá que va Aprendices, no os digo más.
Stefan, el pimpollo que he tomado prestado de Flickr, es de Upsilon Andromedae.
