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Sobre Berlin Smith
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Sus artículos
Delitos imposibles de nuestro tiempo
El viento mostró las impecables bragas de la Princesa de Asturias y todo el orbe pudo verlo, dicen que por televisión y seguro que mucho más ampliamente por la Red. Teniendo en cuenta que toda la humanidad ha podido ver también por los mismos medios el tanga rosa de Belén Esteban mostrándose ostentoso por encima de sus jeans en un momento tan inoportuno frente a las cámaras como el del viento en el día del protocolo; sumándosele la frecuencia con la que la población de ambos sexos ha perdido el temor a que su ropa interior sea vista por desconocidos; añadiéndole que la exhibición de muslos, piel, nalgas, senos, vello púbico y su ausencia es moneda corriente en playas, piscinas públicas, televisores, kioskos, anuncios publicitarios y toda suerte de sitios donde la fiesta de la pérdida del recato se manifiesta, parece normal que las bragas de la princesa fueran más motivo de curiosidad un tanto cateta que un escándalo público.
Las nuevas fuentes del lujo
Cuentan en el diccionario de nuestra abrillantadora Academia que el lujo es aquella cosa que abunda sin ser necesaria. Que abunda, se supone, en tus manos y no en la de otros. Que es también el desbordamiento de superar la posesión de los medios que son normales para conseguir cosas. La palabra y la idea de lujo me trastoca: asocio lujo a escasez, por oposición a la abundancia definitoria. Asocio lujo a la aspiración de muchas personas y a miradas insatisfechas. E intento saber lo que es lujo. Busco filósofos de guardia, pero únicamente encuentro reflexiones sobre la riqueza, la escasez. Lo ignoro todo. Haré literatura de sensaciones.
De prohibiciones y de hacer el gilipollas
He leído mal una noticia y pensaba que había sucedido. Que la policía se paraba en los cruces de las calles y además de hacerte la prueba de alcoholemia te inspeccionaba los cedés y hasta el ipod y comprobaba si eran como el oro puro: adquiridos con una legitimidad intachable de acuerdo con el código de comercio. Los policías ya dedican un buen montón de tiempo al top manta y a buscar rolex falsos: no era imposible.
Un escenario que ninguna novela de ciencia ficción ha iniciado - que yo sepa - es el de un mundo donde el gobierno y sus polizontes se dedican a buscar los relojes, joyas, canciones, pañuelos de hermés, cosas de cartier o perfumes famosísimos más falsos que un dólar de madera en los hogares de sus habitantes. Y, para hacer el escenario mucho más terrible, son los vecinos los que te han visto con un Armani sospechoso los que te denuncian porque tu nivel de vida no da para tanto dispendio. Una camioneta de la SGAE con sirenas aparece en tu casa, te llevan y no se vuelve a saber de ti.
El fin del absurdo y la muerte de los absurdos (por la libertad de emitir)
Es una de las más raras materias que puede encontrarse de entre las buenas intenciones que suele defender el común: el hecho incomprensible e inexplicable de que todo el mundo acepta que debe haber libertad para abrir un periódico, que el periódico pueda publicar toda la publicidad que le dé la gana sin restricción de páginas; el hecho de que ninguna radio tenga limitaciones en el tiempo que dedica a la publicidad y la contradicción de que nada de eso es válido para la televisión. Más me asombra que todo eso no conduzca a motines ni algaradas: nunca veremos a los actores defendiendo que haya más sitios donde puedan hacer su trabajo.
